Adiós, querida Natalia

La vida de Natalia Kim (Lomma, Suecia, 1955) daría para escribir un libro, casi una saga de novelas. Con 20 años trabajaba como ejecutiva en su país y lo dejó para vivir la aventura de viajar en coche desde Suecia hasta Suráfrica en compañía del que era, entonces, su novio. Y no en un coche cualquiera, en un Jaguar. Pero el viaje no salió bien del todo. O sí. La pareja se rompió cuando llegaron a Barcelona, donde también sufrieron los primeros problemas económicos. Natalia se instaló aquí y ya no se marchó nunca.

Fue, dicen, la primera periodista sueca afincada en España y, durante sus primeros años en la ciudad condal, la vida siguió siendo una continua aventura: trabajó como reportera, fue portada de Interviu en 1977, actriz en un spagueti western en el que Fabio Testi era el protagonista y hasta salió como concursante en el ‘Un, dos, tres, responda otra vez’, en la época en la que lo presentaba Mayra Gómez Kemp. En los 80, llegó a salir de copas con Maradona, desayunar con Anthony Quinn y trabajar como jefa de prensa en películas de serie B dirigidas por José Antonio de la Loma.

Fue una freelance impenitente, en su trabajo como periodista, y a primeros de los 90 el porno entró en su vida. José María Ponce la contrató como responsable de prensa en las primeras ediciones del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona y, desde entonces, entró a formar parte de esa familia disfuncional que es el porno español. En los siguientes 25 años de su vida, colaboró con productoras, ferias eróticas y eventos relacionados con el cine X como periodista, mientras por otro lado organizaba eventos de todo tipo.

Natalia Kim y José María Ponce en el homenaje que le tributaron sus amigos en 2015.

Hace casi siete años le detectaron un cáncer de mama con metástasis. Sus amigos le organizaron un homenaje, coincidiendo con su sexagésimo cumpleaños, en lo que parecía una despedida, dado su precario estado de salud. Al homenaje, una simple y divertida merienda, acudieron todos los veteranos del porno español, los que habían iniciado la senda del cine con sexo explícito en nuestro país un cuarto de siglo antes, los que querían y respetaban a Natalia.

La despedida no fue tal, porque Natalia siguió luchando contra la enfermedad, aferrándose a la vida, pese a las recaídas, los tratamientos y los problemas relacionados con el domicilio en el que vivía, que le llevaron incluso a ser noticia en la prensa barcelonesa. Sin perder nunca la sonrisa, Natalia siguió adelante.

Hasta el pasado 6 de enero, cuando un estúpido accidente doméstico le ganó la batalla que ella le estaba ganando al cáncer. Su muerte deja huérfano al porno español de una de sus pioneras.

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